La figura del responsable de control de gestión impulsa las medidas necesarias para que odontólogos y estomatólogos conozcan mejor sus establecimientos y la productividad de los mismos.

Llevamos décadas conviviendo con una asistencia sanitaria pública que posiciona la salud bucodental en un segundo plano. Lejos de darle la importancia que se merece, constatamos que la asistencia de los especialistas en odontología o estomatología de la Seguridad Social tiene restringida los tratamientos. El motivo parece claro, o por lo menos es el comentario general, es que mantener un tratamiento bucodental a la carta, por paciente, sería insostenible para el sistema sanitario español.

Encuadrado en este marco circunstancial aparece lo que se denomina un modelo de negocio ultraliberal, o lo que es lo mismo: clínicas dentales privadas por doquier que, dirigidas por profesionales odontólogos o estomatólogos, compiten de manera voraz por hacerse un hueco en el mercado y, en todo caso, ajustando cada tratamiento a las necesidades concretas del paciente.

Analizando estas premisas, junto al alto volumen de recién graduados que cada año reciben su brillante titulación ávidos de estrenarla en su propia clínica, cuando no en ajenas, se puede comprender que el sector está abocado a una encarnizada guerra de precios que puede cobrarse sus propias víctimas: no sólo los pacientes, como ha podido ser el caso de IDental, sino los propios profesionales, que no teniendo clara la política de precios que deben seguir, en función de la clínica que regentan, caen en el ‘low cost’ o abaratan precios sin tener en cuenta si sus tratamientos pueden afrontar ese estatus de bajo coste. Es más, desconocen en muchos casos si en sus propias clínicas, pese a contar con alto volumen de pacientes, pierden dinero por tratamiento.

Y es que, atrapados por la competencia desmedida, sin información concreta y real de sus costes por tratamiento, historial, doctor, material o tiempos…, ceden a las tentaciones de bajar sus precios de venta, o simplemente aplican tarifas de descuento en comparación con otras clínicas dentales conocidas, se parezcan o no a ellas.

Es ahí donde aparece la figura del responsable de control de gestión interna, que ayudará a conocer la situación real de la empresa y hasta dónde puede llegar ésta. Y es que, a día de hoy, odontólogos y estomatólogos son profesionales altamente cualificados en la materia que los ocupa, la rama sanitaria, no la económica, dejando en muchas ocasiones la parcela empresarial un poco más en el aire y sin darle la importancia que merece. Por lo que cabe recordar al odontólogo o estomatólogo que, además de tener esa cualificación, es un empresario.

Así, como empresarios, tienen que tratar a sus clínicas como lo que son: empresas. Y conocer que cuanta mayor información tengan de su empresa, mejores decisiones pueden tomar sobre la misma. La ayuda de un responsable de control de gestión interna le permitirá cumplir con premisas básicas dentro de una empresa, dado que el empresario tiene la obligación de conocer sus costes de compra, sus consumos en cada tratamiento…, cara a ajustar su cifra de compras y de existencias en almacén. Tiene la obligación de conocer sus costes de mano de obra directa en cada tratamiento, es decir, el tiempo que tarda en realizar cada uno de los distintos y numerosos servicios que ofrece. Debe de saber cuáles son los costes por hora, o por minuto, de la utilización de la maquinaria tan costosa que usa, o conocer que él mismo forma parte del coste de producción de cada uno de sus tratamientos.

El responsable de control de gestión interna, con recursos propios, ayudará a la clínica a trabajar como cualquier empresa industrial, de alimentación, de fabricación, o distribuidora…; para esta figura no es complicado conocer al detalle la naturaleza de los gastos de las entidades sanitarias y cuáles son los costes de realizar cada tratamiento: consumo de material utilizado, desechable, laboratorio externo, materiales; consumo de mano de obra directa, el tiempo que tarda el doctor y su higienista en realizar el tratamiento; costes indirectos de producción, cuánto les cuesta una hora de la maquinaria que utiliza para el tratamiento, afectando a cada maquinaria costes por hora de electricidad, amortización, de reparaciones, mantenimientos, seguros y mano de obra Indirecta, si existiera.

Barajando todos estos datos, con la correspondiente recogida de información por parte de este responsable, se podrá conocer con exactitud la fiel estructura de costes de cada tratamiento ofertado. Se podrán fijar precios de venta, en función de estos costes, al objeto no sólo de subirlos, sino también de bajarlos. Y lo más importante, se podrá establecer un presupuesto anual de producción y controlarlo mensualmente, estableciendo acciones correctoras por anticipado, en caso de que se produzcan desviaciones fundamentales que puedan repercutir de manera negativa en la cuenta de resultados de la clínica.

Así, se podrá hallar lo que los economistas llaman el ‘punto de equilibrio de la empresa’, ese precio de venta de cada tratamiento a partir del cual hay beneficio para la empresa y que permitirá competir con conocimiento en un mercado masificado y con falta de información real. En definitiva, tener un control eficaz de su clínica dental, o lo que es lo mismo: de una empresa.